Estar presente no significa no distraerse
Nuestra mente se va constantemente. El problema no es distraernos, sino no darnos cuenta de que nos hemos ido.
A veces pensamos que estar presentes significa conseguir que nuestra mente permanezca concentrada durante mucho tiempo.
Como si estar presente fuera no distraerse.
Pero nuestra mente no funciona así.
Pensamos.
Recordamos.
Anticipamos.
Imaginamos.
Nos preocupamos.
La atención se mueve constantemente.
Y eso no es un problema.
El problema aparece cuando nos vamos del lugar en el que estamos sin darnos cuenta.
Cuando estamos en una conversación y, de repente, descubrimos que llevamos varios minutos pensando en otra cosa.
Cuando cogemos el móvil casi sin saber por qué.
Cuando termina una reunión y nos damos cuenta de que apenas sabemos qué se ha hablado.
Cuando llegamos al final del día con la sensación de haber hecho muchas cosas, pero de no haber estado realmente en ninguna.
Estar presentes no significa que nuestra mente no se vaya.
Significa aprender a darnos cuenta de que se ha ido.
Y volver.
Vivimos rodeados de cosas que reclaman nuestra atención
Emails.
Mensajes.
Notificaciones.
Reuniones.
Personas.
Responsabilidades.
Tareas pendientes.
Y cada vez hay más herramientas capaces de hacer cosas por nosotros, pero también de pedirnos que respondamos más rápido, procesemos más información y estemos disponibles durante más tiempo.
Es fácil que nuestra atención termine fragmentándose.
Que pasemos de una cosa a otra sin terminar de estar en ninguna.
Que nos acostumbremos a responder antes de haber escuchado.
A hacer antes de haber decidido.
A pasar a lo siguiente antes de haber terminado de estar en lo que estamos.
Y poco a poco, estar disponibles para todo puede acabar significando no estar plenamente presentes para casi nada.
La presencia se entrena
Estar presentes no es algo que consigamos una vez y ya está.
La mente se va.
Nos damos cuenta.
Volvemos.
Y vuelve a irse.
Y volvemos otra vez.
Esto es, en gran medida, lo que practicamos en mindfulness.
No intentamos construir una mente que nunca se distraiga.
Practicamos algo mucho más sencillo:
darnos cuenta.
Darnos cuenta de que estamos pensando en lo que pasó ayer.
De que estamos anticipando lo que puede pasar mañana.
De que estamos leyendo un mensaje mientras alguien nos habla.
De que nuestro cuerpo está en una reunión, pero nuestra atención ya está en la siguiente tarea.
Ese pequeño momento en el que nos damos cuenta abre un espacio.
Y en ese espacio aparece algo importante:
la posibilidad de elegir.
Seguir en «el lugar» en el que está nuestra mente o volver a estar aquí.
¿Qué tiene que ver mindfulness con estar presentes?
La práctica de mindfulness tiene mucho que ver con esto: aprender a darnos cuenta de dónde está nuestra atención y volver al momento presente.
La mente se va.
Nos damos cuenta.
Volvemos.
Una y otra vez.
No para hacerlo perfecto.
No para dejar la mente en blanco.
Sino para desarrollar una relación diferente con nuestra atención.
Y esto tiene mucho que ver con cómo vivimos y trabajamos.
Con cómo escuchamos.
Con cómo tomamos decisiones.
Con cómo respondemos cuando algo nos incomoda.
Con cómo atravesamos un día lleno de exigencias sin vivir todo el tiempo reaccionando a lo siguiente que aparece.
Volver a estar donde estamos
En mis acompañamientos con profesionales y directivos trabajo con mindfulness como una vía práctica para desarrollar más atención, presencia y claridad en la vida cotidiana.
No se trata de añadir otra obligación a tu agenda.
Ni de conseguir que estés concentrado todo el día.
Se trata de aprender a darte cuenta de dónde estás y volver a elegir dónde quieres poner tu atención.
Porque estar presentes no consiste en no distraernos nunca.
Consiste en volver, cada vez que nos damos cuenta de que nos hemos distraído.
Si quieres explorar cómo podemos trabajar la atención, la presencia y la relación con la exigencia cotidiana, puedes conocer mis acompañamientos.



